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AT THE HEART OF ISLAND LIFE

Anna Nicholas, escritora: 30 años escribiendo sobre Mallorca

Sobre novela negra, folclore y los misterios de la isla

Anna Nicholas lleva tres décadas capturando la belleza, el humor y las pequeñas peculiaridades de la vida en Mallorca. Conocida sobre todo por sus exitosas memorias en las que cambió la vida londinense por una finca mallorquina en el valle de Sóller, se ha convertido en una de las voces literarias más reconocibles de la isla, escribiendo con cariño e ingenio sobre las tradiciones y los personajes que hacen a Mallorca tan singular. Además de sus libros, Anna ha colaborado en publicaciones como el Financial Times, The Telegraph, Tatler y Wanderlust, y más recientemente se ha adentrado en la novela negra ambientada en Mallorca con su popular serie de misterio protagonizada por Isabel Flores Montserrat.

Por Lucy Hawkins

20/5/26

Visité a Anna en su preciosa casa de Sóller al día siguiente de la fiesta de Sa Fira, con las banderolas aún ondeando por las calles y los cafés llenos de vecinos recuperándose de las celebraciones. Anna y su encantador marido, Alan, fueron unos anfitriones maravillosamente acogedores mientras sus gatos entraban y salían de la casa, y me marché con una comprensión más profunda del folclore y las tradiciones locales, y con media docena de huevos frescos de sus gallinas: un final perfectamente mallorquín para la tarde.


Llevas 30 años viviendo en Mallorca. ¿Qué te atrajo en un principio a la isla?


Mi hermana tenía una au pair llamada Sari que vivía en Fornalutx, y todos la acogimos como una más de la familia. Sari no paraba de decirnos a Alan y a mí que Mallorca era el lugar más bonito del mundo. Nos insistía en que viniéramos, asegurando que era un auténtico paraíso.


Por entonces el hotel de Richard Branson no era tan caro como ahora y, por suerte, pudimos permitirnos alojarnos allí. Era maravillosamente excéntrico y divertido en aquellos tiempos. Había patitos de goma en los baños, no había minibares. Era tan auténtico que nos encantó.


¿Richard Branson tenía patitos de goma en los baños de su hotel?


Sí, todos los baños tenían patitos de goma. Por suerte, hace poco coincidí con Sir Richard en su nuevo hotel y le recordé lo de los patitos. Pero me contó que, por motivos medioambientales, los hoteles ya no pueden usarlos, lo cual es un poco decepcionante. En fin, nos reímos del tema.


Tu marido y tú disteis con vuestra finca por casualidad y os enamorasteis de ella al instante, aunque apenas era habitable, ¿verdad?


El arquitecto nos dijo que no podíamos hacer nada en la casa hasta obtener la licencia de obra, lo que llevaría al menos un año. Así que, para nuestra frustración, no podíamos vivir allí ni acometer ninguna reforma porque pesaba sobre la finca una orden urbanística. El tejado estaba abierto y entraba el agua cuando hacía mal tiempo. No teníamos verjas y las paredes se caían a pedazos, así que algunos jóvenes del pueblo subían a la finca a enrollarse en el patio delantero.


De hecho, pillamos a unos cuantos. La verdad es que tenía su gracia. Un día estábamos aquí arriba y, aunque la casa seguía hecha un desastre, podíamos más o menos acampar en ella. Oí un coche que se acercaba con dos jóvenes dentro. Les enfoqué con una linterna y se llevaron un susto de muerte. Probablemente pensaron que éramos fantasmas y salieron pitando.


¿Cuánto tiempo llevó la reforma?


Madre mía, unos dos años y medio. Estaba en muy mal estado. Al principio yo volvía a Londres todas las semanas para reuniones; fue justo cuando empezaba EasyJet.


De eso hace 30 años. ¿Cómo ha cambiado Sóller?


En cierto modo es un lugar distinto. Aún conserva muchas de sus tradiciones y lo que yo llamo una fantástica bloody-mindedness, ese orgullo testarudo tan propio de los sollerics: la sensación de «somos sollerics y siempre seremos sollerics». Creo que viene del aislamiento histórico del valle antes del túnel.


(Durante siglos, Sóller estuvo prácticamente incomunicada del resto de Mallorca por la sierra de Tramuntana, accesible solo por una larga y sinuosa carretera de montaña o por el histórico tren; e incluso después de que el túnel se abriera en 1997, muchos vecinos sentían que el valle conservaba su propia identidad y su sentido de independencia.)


Anoche, en Es Firó, el orgullo de los sollerics locales era increíble. Había gente con lágrimas en los ojos cantando La Balanguera, el himno balear; fue realmente emocionante.


Aun así, cuando bajo al pueblo a veces pienso en cómo ha cambiado. La cantidad de restaurantes, cafeterías y comida internacional sencillamente no existía antes. Algunos de los viejos negocios familiares que tanto nos gustaban han desaparecido y se han convertido en tiendas para turistas, y eso duele.


A la vez, intento no ser del todo negativa con el cambio. También tenemos panaderías maravillosas y restaurantes de primera. Lo que me preocupa es que Sóller corra el peligro de convertirse en un parque temático. El carrer de sa Lluna solía estar lleno de tiendas prácticas para los vecinos; ahora gran parte está enfocada al turismo.


Es comprensible, porque Sóller se ha convertido en uno de los pueblos más fotografiados y más presentes en las redes sociales de la isla, con el tranvía, las montañas, el mar, las naranjas y los limones; claro que la gente quiere venir. Pero si el pueblo pierde demasiada autenticidad, y los sollerics desencantados se marchan, muchos expulsados por unos costes disparados, al final hasta los visitantes empezarán a preguntar: «¿Dónde están los locales?».


En 2017 el Govern Balear te concedió el prestigioso Siurell de Plata por tu promoción de los valores, la cultura y las tradiciones de Mallorca. ¿Cómo surgió?


De la nada, un hotelero se puso en contacto conmigo y me propuso para el premio porque, según él, hacía mucho por dar a conocer la isla. Fue muy bonito, pero, sinceramente, no le di importancia, porque se presentan muchas candidaturas.


Y luego me contactaron oficialmente para decirme que había ganado un premio. Me hizo mucha ilusión ser la primera británica en recibirlo; fue un verdadero honor.


Debes de sentirte completamente aceptada.


Sí, así es. Quiero decir, por mucho que diga sobre Sóller y cómo ha cambiado en cierta medida, anoche, otra vez, asistir al Firó me recordó por qué me encanta vivir aquí. La comunidad es muy fuerte; es lo más importante para mí.

¿Qué te llevó a pasar del libro de viajes y la memoria a la novela negra?


Durante mucho tiempo escribí la serie de viajes, que hoy ya tiene cierto aire nostálgico, pero tenía una idea para una serie de ficción sobre Isabel, una detective amateur, y su hurón resolviendo crímenes. Las ganas de escribirlo se hacían cada vez más fuertes. Al final me pasaba las noches imaginando diálogos y escenas, y pensé: «Tengo que ponerlo por escrito».


¿Cómo equilibras escribir con honestidad sobre la isla y a la vez proteger a la gente y los lugares que quieres?


Eso es complicado. En mis artículos periodísticos soy sincera, y a veces he mencionado lugares interesantes y he recibido críticas de lectores que no quieren que otros conozcan ciertos rincones únicos de la isla.


O sea, eran los lectores, más que los locales, los que intentaban proteger el espacio. Lo entiendo, pero no puedes apropiarte de algo y decir que los demás no pueden disfrutarlo también. Siempre lo veo como un multimillonario que tiene un Rodin precioso y dice: «Lo voy a tener en mi casa, nadie más puede verlo».


Eso no me gusta. Creo que el arte debe compartirse y los lugares también. No tenemos derecho a impedir que la gente vaya a algún sitio. Eso sí, si hay una playa, una cala o un bosque concretos que sé que son solo para los locales, jamás los menciono, y conozco sitios así.


Pero, en general, la mayoría de las cosas se pueden encontrar en internet. No es que estés revelando un gran secreto. Voy a contar una anécdota divertida. Cuando empecé con mi serie de libros de viajes, usaba nombres falsos para la gente del pueblo porque quería proteger su identidad y no ofender a nadie.


Y un día fui a ver a mi amigo Javier, que llevaba Colmado Sa Lluna. Y me preguntó por qué no había mencionado su nombre, y yo le expliqué que era para protegerlo, pero me dijo: «¿Protegerme de qué? ¡Yo quiero que la gente venga a la tienda!».


Así que, a partir de entonces, cambié de opinión y empecé a usar los nombres reales.


¿Por qué crees que Mallorca funciona tan bien como escenario para novelas de misterio?


Creo que es muy atmosférica. Hay tantos tipos de terreno distintos en la isla. Tienes el paisaje espectacular de la Tramuntana, calas escondidas y cuevas misteriosas. Y luego hay zonas de la Tramuntana realmente salvajes. Son como páramos, y entiendes cómo la gente puede perderse o no aparecer nunca, como le ocurrió a una pobre turista británica. Hay muchas dolinas que pueden tragarte sin más, bajo las cuales se abren cavernas profundas. Puede ser muy peligroso.


He hecho mucho montañismo: en Mallorca hay 54 cimas de más de mil metros. He subido 52, así que me quedan dos. Pero, por desgracia, son las más difíciles. Una es el Puig Major, al que no se puede subir, y la última es el Frare, que es horrible. Es como una aguja, y hay que ir con cuerdas, lo que no es lo mío.


Pero creo que el paisaje aquí es tan espectacular que se presta al género negro.


¿Hay caras más oscuras de la vida isleña que la novela negra te permite explorar con más libertad?


Sí, eso creo. Hay una cantidad enorme de leyendas antiguas en Mallorca, folclore, como las Rondalles Mallorquines. Son los cuentos de hadas de la isla, escritos hace muchísimo. Y algunos son inquietantes y dan miedo.

¿Y qué me dices de María Enganxa, que te arrastra al fondo del pozo, a su mundo acuático, si te asomas? La historia se inventó para que los niños del campo no se acercaran a explorar los pozos sin tapar.


Hay un museo precioso, la Casa Museu Pare Ginard, en Sant Joan. El Pare Ginard fue sacerdote, folclorista y recopilador de tradiciones orales, canciones e historias mallorquinas, y se puede visitar su pequeña casa museo, que es una preciosidad.


Y cuando paseas por un pueblo en plena noche, por las callejuelas empedradas, resulta realmente inquietante. Es el escenario perfecto para la novela negra.

Sobre novela negra, folclore y los misterios de la isla

Anna Nicholas lleva tres décadas capturando la belleza, el humor y las pequeñas peculiaridades de la vida en Mallorca. Conocida sobre todo por sus exitosas memorias en las que cambió la vida londinense por una finca mallorquina en el valle de Sóller, se ha convertido en una de las voces literarias más reconocibles de la isla, escribiendo con cariño e ingenio sobre las tradiciones y los personajes que hacen a Mallorca tan singular. Además de sus libros, Anna ha colaborado en publicaciones como el Financial Times, The Telegraph, Tatler y Wanderlust, y más recientemente se ha adentrado en la novela negra ambientada en Mallorca con su popular serie de misterio protagonizada por Isabel Flores Montserrat.

¿Qué te llevó a pasar del libro de viajes y la memoria a la novela negra?


Durante mucho tiempo escribí la serie de viajes, que hoy ya tiene cierto aire nostálgico, pero tenía una idea para una serie de ficción sobre Isabel, una detective amateur, y su hurón resolviendo crímenes. Las ganas de escribirlo se hacían cada vez más fuertes. Al final me pasaba las noches imaginando diálogos y escenas, y pensé: «Tengo que ponerlo por escrito».


¿Cómo equilibras escribir con honestidad sobre la isla y a la vez proteger a la gente y los lugares que quieres?


Eso es complicado. En mis artículos periodísticos soy sincera, y a veces he mencionado lugares interesantes y he recibido críticas de lectores que no quieren que otros conozcan ciertos rincones únicos de la isla.


O sea, eran los lectores, más que los locales, los que intentaban proteger el espacio. Lo entiendo, pero no puedes apropiarte de algo y decir que los demás no pueden disfrutarlo también. Siempre lo veo como un multimillonario que tiene un Rodin precioso y dice: «Lo voy a tener en mi casa, nadie más puede verlo».


Eso no me gusta. Creo que el arte debe compartirse y los lugares también. No tenemos derecho a impedir que la gente vaya a algún sitio. Eso sí, si hay una playa, una cala o un bosque concretos que sé que son solo para los locales, jamás los menciono, y conozco sitios así.


Pero, en general, la mayoría de las cosas se pueden encontrar en internet. No es que estés revelando un gran secreto. Voy a contar una anécdota divertida. Cuando empecé con mi serie de libros de viajes, usaba nombres falsos para la gente del pueblo porque quería proteger su identidad y no ofender a nadie.


Y un día fui a ver a mi amigo Javier, que llevaba Colmado Sa Lluna. Y me preguntó por qué no había mencionado su nombre, y yo le expliqué que era para protegerlo, pero me dijo: «¿Protegerme de qué? ¡Yo quiero que la gente venga a la tienda!».


Así que, a partir de entonces, cambié de opinión y empecé a usar los nombres reales.


¿Por qué crees que Mallorca funciona tan bien como escenario para novelas de misterio?


Creo que es muy atmosférica. Hay tantos tipos de terreno distintos en la isla. Tienes el paisaje espectacular de la Tramuntana, calas escondidas y cuevas misteriosas. Y luego hay zonas de la Tramuntana realmente salvajes. Son como páramos, y entiendes cómo la gente puede perderse o no aparecer nunca, como le ocurrió a una pobre turista británica. Hay muchas dolinas que pueden tragarte sin más, bajo las cuales se abren cavernas profundas. Puede ser muy peligroso.


He hecho mucho montañismo: en Mallorca hay 54 cimas de más de mil metros. He subido 52, así que me quedan dos. Pero, por desgracia, son las más difíciles. Una es el Puig Major, al que no se puede subir, y la última es el Frare, que es horrible. Es como una aguja, y hay que ir con cuerdas, lo que no es lo mío.


Pero creo que el paisaje aquí es tan espectacular que se presta al género negro.


¿Hay caras más oscuras de la vida isleña que la novela negra te permite explorar con más libertad?


Sí, eso creo. Hay una cantidad enorme de leyendas antiguas en Mallorca, folclore, como las Rondalles Mallorquines. Son los cuentos de hadas de la isla, escritos hace muchísimo. Y algunos son inquietantes y dan miedo.

¿Y qué me dices de María Enganxa, que te arrastra al fondo del pozo, a su mundo acuático, si te asomas? La historia se inventó para que los niños del campo no se acercaran a explorar los pozos sin tapar.


Hay un museo precioso, la Casa Museu Pare Ginard, en Sant Joan. El Pare Ginard fue sacerdote, folclorista y recopilador de tradiciones orales, canciones e historias mallorquinas, y se puede visitar su pequeña casa museo, que es una preciosidad.


Y cuando paseas por un pueblo en plena noche, por las callejuelas empedradas, resulta realmente inquietante. Es el escenario perfecto para la novela negra.

La quinta novela de tu serie de misterio mallorquín protagonizada por Isabel Flores, White Hot Moon, sale en diciembre. ¿Puedes contarnos algo?


Gira en torno al fuego. En un plano, hay una serie de incendios misteriosos en Sant Martí y los alrededores, aparentemente provocados por un pirómano y dirigidos a ciertas personas. Pero a mayor escala también se desatan incendios forestales, posiblemente también provocados.


Hay además algunas muertes extrañas relacionadas con la historia, incluida la del hermano de un bombero que muere en una caseta pequeña en las tierras de la familia. ¿Provocó alguien el fuego, o fue un trágico accidente? Luego hay algunas muertes de mujeres, y empiezas a preguntarte qué conexión podrían tener con todo esto, si es que tienen alguna.


Suelo tener dos hilos paralelos en mis libros, y curiosamente la siguiente novela, la sexta, tiene el agua como tema, aunque no fue intencionado. No planeaba seguir el fuego con el agua. El fuego es, por supuesto, un tema importante en la isla. Pero también es un asunto desagradable y dudé en escribir sobre él. Desde luego, no quiero animar a futuros pirómanos. Ha habido incendios muy graves a lo largo de los años que han devastado la fauna. Con este libro quería que la trama fuera más personal, pero que siguiera afectando a los bomberos.


El marido de una de mis guías de montaña con más experiencia es capitán de bomberos, así que, por suerte, pasé un día con él hablando de cómo entrenan, qué hacen, el proceso de oposición y los distintos aspectos del servicio. Me gusta documentarme a fondo para mis libros, no escribir cosas a la ligera. Aun así, el libro será una obra de ficción, aunque incluya algo de información de mi contacto.


¿Hay todavía historias de la isla que sientes que no has contado?


Sí, sin duda. Estoy muy ilusionada con la sexta. No es muy alegre, pero aborda un tema muy actual. Está muy centrado en lo femenino. Trata sobre la manipulación y el control. Creo que es bastante relevante hoy en día, así que tengo muchas ganas.


Y, para terminar, unas preguntas rápidas:


¿Plato mallorquín favorito?
El trempó, probablemente.


¿Mar o montaña?
Montaña.


¿La mejor estación en Mallorca?
El invierno.


¿Un pueblo que todo el mundo debería visitar?
Diría Sóller, pero no es un pueblo, es una vila. Deià, por las vistas tan bonitas y la historia, y, por supuesto, Valldemossa.


¿Café de la mañana en Sóller o copa de vino al atardecer en el puerto?
Café por la mañana en Sóller, sin duda.


Puedes encontrar los libros de Anna en librerías de toda la isla y en www.amazon.co.uk o www.burrobooks.co.uk.

La quinta novela de tu serie de misterio mallorquín protagonizada por Isabel Flores, White Hot Moon, sale en diciembre. ¿Puedes contarnos algo?


Gira en torno al fuego. En un plano, hay una serie de incendios misteriosos en Sant Martí y los alrededores, aparentemente provocados por un pirómano y dirigidos a ciertas personas. Pero a mayor escala también se desatan incendios forestales, posiblemente también provocados.


Hay además algunas muertes extrañas relacionadas con la historia, incluida la del hermano de un bombero que muere en una caseta pequeña en las tierras de la familia. ¿Provocó alguien el fuego, o fue un trágico accidente? Luego hay algunas muertes de mujeres, y empiezas a preguntarte qué conexión podrían tener con todo esto, si es que tienen alguna.


Suelo tener dos hilos paralelos en mis libros, y curiosamente la siguiente novela, la sexta, tiene el agua como tema, aunque no fue intencionado. No planeaba seguir el fuego con el agua. El fuego es, por supuesto, un tema importante en la isla. Pero también es un asunto desagradable y dudé en escribir sobre él. Desde luego, no quiero animar a futuros pirómanos. Ha habido incendios muy graves a lo largo de los años que han devastado la fauna. Con este libro quería que la trama fuera más personal, pero que siguiera afectando a los bomberos.


El marido de una de mis guías de montaña con más experiencia es capitán de bomberos, así que, por suerte, pasé un día con él hablando de cómo entrenan, qué hacen, el proceso de oposición y los distintos aspectos del servicio. Me gusta documentarme a fondo para mis libros, no escribir cosas a la ligera. Aun así, el libro será una obra de ficción, aunque incluya algo de información de mi contacto.


¿Hay todavía historias de la isla que sientes que no has contado?


Sí, sin duda. Estoy muy ilusionada con la sexta. No es muy alegre, pero aborda un tema muy actual. Está muy centrado en lo femenino. Trata sobre la manipulación y el control. Creo que es bastante relevante hoy en día, así que tengo muchas ganas.


Y, para terminar, unas preguntas rápidas:


¿Plato mallorquín favorito?
El trempó, probablemente.


¿Mar o montaña?
Montaña.


¿La mejor estación en Mallorca?
El invierno.


¿Un pueblo que todo el mundo debería visitar?
Diría Sóller, pero no es un pueblo, es una vila. Deià, por las vistas tan bonitas y la historia, y, por supuesto, Valldemossa.


¿Café de la mañana en Sóller o copa de vino al atardecer en el puerto?
Café por la mañana en Sóller, sin duda.


Puedes encontrar los libros de Anna en librerías de toda la isla y en www.amazon.co.uk o www.burrobooks.co.uk.

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