Joan Bennàssar
El arte, la humanidad y el alma eterna de Mallorca
Desde su taller en Pollença, Joan Bennàssar ha construido un universo plástico profundamente arraigado a la identidad mediterránea. Pintor, escultor y pensador, su obra dialoga con la mitología, la tierra y la figura humana, siempre desde una mirada que bebe de las raíces isleñas y del alma de Mallorca. Con una trayectoria que combina exposiciones internacionales y proyectos monumentales al aire libre, Joan Bennàssar ha conseguido algo poco común: reconciliar lo ancestral con lo contemporáneo, y hacerlo desde una voz propia, inconfundible. En esta entrevista, nos adentramos en su proceso creativo, en su visión del arte como herramienta transformadora, y en el papel que juega la cultura en una tierra como la suya, marcada por el mar, la historia y la belleza.

Por Mar Piris
23/6/25
Dime, sin rodeos. ¿Quién eres Joan?
Joan, es una persona joven… con algunos años, pero joven. Porque sigo inquieto, y lo que siempre me ha motivado, es; la pasión. Desde pequeño supe que tenía una habilidad con las manos, con la mirada. Sabía ver cosas. Afortunadamente nací en un pueblo encantador situado en la zona norte de Mallorca, Pollença. Un lugar que ha sido cuna e inspiración de muchos artistas. Por mencionar; Anglada Camarassa o Tito Cittadini…imagínate, allí el arte tenía “trato de señor”. Cuando tan sólo tenía once años, mi profesor de dibujo y artista pintor, el Sr. Mateu Llobera, me enseñó lo básico, y poco a poco yo mismo fui inspirándome en ser un artista. Mi padre quizás tenía en mente otros planes para mí, algo que ver con la medicina, porque a veces las personas de confianza que te rodean suelen influir en importantes tomas de decisiones y más en esas épocas, pero gratamente entendieron que mi camino era otro; el arte. Un año después, recuerdo que era verano, mi padre trabajaba en un chalet de Cala San Vicenç, con el Sr. Simó Cerdà, hijo del ilustrísimo Sr. Llorenç Cerdà (ambos artistas consagrados). Ese día a mi padre se le ocurrió llevar una lámina mía para que la viera— una pintura que dibujé de la cena de la iglesia de Pollença— y al Sr. Simó Cerdà le gustó tanto, que me regaló una caja de acuarelas, y entonces ese fue oficialmente mi inicio como pintor a los 12 años.
Después estudié en la ciudad de Palma, cursé el bachillerato superior y empecé en la Escuela de Artes y Oficios, encontrando más herramientas, más camino. Luego me fui a Barcelona, a la Escuela Superior de Bellas Artes. Aunque los “Pollençins”, a causa del turismo teníamos ya una visión bastante cosmopolita de la vida. Vivir por primera vez solo, descubrir otras formas de ser, de convivir y de crear, eso fue otro mundo. Ser artista me ha ayudado a sobrevivir. A vivir, sí. Pero sobre todo a sobrevivir. Porque mis pasiones —todas— las he vivido al límite. Las he explorado. Si algo ha fallado, ha sido más por mí que por el entorno. Y aun así, me siento satisfecho. Porque sigo creyendo. No he perdido la fe, ni en la pintura ni en mí mismo. Solo he perdido algo de fe, en los humanos… estamos un poco locos. Crear, te da libertad. Te permite ser muchas personas al mismo tiempo. Es complicado cambiar de mujer cada día —realísticamente te puede salir caro—, pero cambiar de obra, de estilo o de enfoque… eso sí lo puedo hacer. Soy muy variable, no tengo límites cuando creo. Me gusta todo. Para mí, cualquier cosa puede ser un acto creativo, siempre que le pongas trabajo, inteligencia y un objetivo. Y al final, soy; Joan Bennàssar. Mis hijos siempre dicen que hago “Joan Bennàssar”. Y tienen razón. Pero dentro de mí hay muchos mundos, muchas vidas, y sigo joven porque sigo soñando.
Joan, tanto en tu pintura como en tus esculturas, ¿Son los seres humanos tu insignia?
Sí. Los humanos hemos sido los que hemos creado la inteligencia. No somos los más fuertes ni los más rápidos, pero sí los más listos. Nuestra capacidad de soñar amplía nuestro horizonte y nos da motivos para perseguir metas. Yo creo en la utopía, aunque no exista. Es más que un objetivo, es una forma de ser. Aunque no creo en religiones, reconozco que han sido útiles para dar al ser humano otros fines más allá de la supervivencia. Cuando ya hemos comido, cuando ya no tememos, es cuando podemos imaginar, crear y pensar en el espacio, en la vida y más allá. Desde que descubrimos el fuego, todo cambió. Y sí, ya éramos artistas, lo muestran las pinturas rupestres. Hoy se dice que la pintura ha muerto, pero creo que la imagen es más creativa que nunca. Tenemos nuevas formas de expresarnos: la inteligencia artificial, la reproducción de imágenes, la televisión… El arte se ha democratizado. Aun así, el trazo, ese gesto único, sigue siendo inconfundible. Yo, por ejemplo, dibujo desde el deseo, desde el volumen. Soy escultor, y me interesa la forma, esa presencia.
Déjanos saber. ¿Qué sientes cuando trazas o esculpes a ese hombre y a esa mujer de tal manera, que inconfundiblemente es; Joan Bennàssar?
Siempre he buscado una diosa. Podía ser mi madre o mi amante, pero es una búsqueda de una verdad, una esencia. Y aunque las verdades cambian, creo en el trabajo y en cierto orden. Vivo en Europa, que para mí es el paraíso del mundo. Pero no sé si sabremos defenderlo. Soñar sigue siendo necesario. También buscar lo que uno cree. Vivimos un momento en que el futuro parece amenazado por la sobrepoblación y el cambio climático. Éramos 2.500 millones de personas al terminar la II Guerra Mundial; ahora somos casi 9.000 millones. Dicen que con 11.000 millones de personas no habrá cabida. Podemos verlo como un colapso... o como un reto, ya que hemos transformado lugares como Dubái. Quizás algún día lo hagamos en la Luna y las estrellas podría ser la salida que un día soñamos. Me he sentido muy cercano últimamente a la figura de los argonautas: esos semidioses que iban en busca del Vellocino de Oro. Hoy somos un poco eso: medio humano, media máquina. Llevamos gafas, marcapasos, implantes. Somos una nueva forma de humanidad.
¿Qué es y que significa Mallorca para ti?
Mallorca, tierra de acogida y pensamiento. El paisaje de Mallorca es brutal. De joven lo evitaba porque quería romper con lo establecido. Ahora lo recojo desde el campo, desde una mirada que se conecta con el arte japonés. Es tan sublime que copiarlo es una utopía. Pero aquí está, para vivirlo sin necesidad de irse. Mallorca es el mejor escaparate para el arte en Europa. Vivir en Mallorca es un privilegio. Tengo recursos y sé lo que significa vivir aquí. Si un mallorquín se queja, probablemente sea porque no haya salido de la isla, o porque simplemente le basta con lo que tiene. Porque cuando has vivido en otros lugares, te das cuenta de lo complejo que es todo fuera. Aquí somos pocos —un millón entre varias islas—, y cada vez que alguien nuevo llega, algo ganamos. España, y especialmente Mallorca, funcionan bien. En parte, porque mucha gente viene y valora lo que ofrecemos: nuestra amabilidad, una calidad de vida y un entorno único. Claro que también llegan personas menos positivas, pero eso forma parte del juego global. En realidad, siempre hemos sido un cruce de culturas: fenicios, romanos, árabes, franceses, ingleses...Y pese a todo, hemos sabido convivir con ello sin perder nunca nuestra identidad. Mallorca evoluciona. Su gastronomía, su moda, su historia. Somos más y más diversos. Y en un mundo donde hay tanto por vender, está claro que Mallorca tiene mucho que ofrecer. Así es para mí.
Cuando entras en el estudio, lo describes como “trabajo”, ¿No es acaso tu tiempo, el verdadero valor de tu arte, como las agujas de un reloj marcando las horas de tu vida desde dentro de tu corazón?
Sí, bueno... de algún modo, vivo para ciertas cosas. Decir que vivo para el arte me parece excesivo, pero es verdad que todo en mi vida —familia, casa, amigos— gira en torno al trabajo. No hay que ser cínico: trabajamos también para sobrevivir. Aunque ahora ya no es sólo por eso. Tuve mis hijos de joven y entonces, sí… era por necesidad. Pero ahora trabajo quizás por egoísmo, falta de tiempo. Me gusta ganar dinero, claro, pero también es por orgullo personal, por poner las cosas en su sitio, por hacerme entender. He leído mucho a los clásicos. Uno que me marcó fue “El rey Jesús”, de Robert Graves. Me gustan autores que hablan del presente a través del pasado. Yo soy ateo, pero tengo “mil dioses”: cualquier mujer, cualquier hombre inteligente puede serlo. Hay una frase que me impactó, y que dice: “Amad el trabajo, odiad los cargos y no seáis amigos de los gobernantes”. Tal vez me influyó demasiado; nunca he buscado el beneplácito público. Creo en el ser humano, en su capacidad de adaptarse. Si hace falta, uno se busca la vida. Mi padre trabajaba 67 horas semanales. Hoy se habla de 37. Algo falla. En Europa se trabajan 1.600 horas al año, en América 1.900. El futuro nace del esfuerzo. Soy pintor porque soy hábil. Hoy, en las facultades de Bellas Artes, se pierde esa habilidad. Se prioriza lo conceptual y los alumnos absorben las carencias de sus profesores. Un profesor puede entender, pero no necesariamente sabe hacer. Es como el fútbol: no sería lo mismo si lo jugaran sólo los entrenadores. El futbolista tiene habilidad, carácter, velocidad... En el arte, esa destreza se ha perdido. Hoy se ha puesto de moda el “comisario de arte”, como si el artista no pudiera defender su obra. Eso es absurdo. Cuando el galerista fue más importante que el artista, el arte perdió su magia. Y sin magia, el valor es solo precio. Y el arte no puede depender sólo del dinero, porque entonces pierde su alma.
El arte, la humanidad y el alma eterna de Mallorca
Desde su taller en Pollença, Joan Bennàssar ha construido un universo plástico profundamente arraigado a la identidad mediterránea. Pintor, escultor y pensador, su obra dialoga con la mitología, la tierra y la figura humana, siempre desde una mirada que bebe de las raíces isleñas y del alma de Mallorca. Con una trayectoria que combina exposiciones internacionales y proyectos monumentales al aire libre, Joan Bennàssar ha conseguido algo poco común: reconciliar lo ancestral con lo contemporáneo, y hacerlo desde una voz propia, inconfundible. En esta entrevista, nos adentramos en su proceso creativo, en su visión del arte como herramienta transformadora, y en el papel que juega la cultura en una tierra como la suya, marcada por el mar, la historia y la belleza.
Déjanos saber. ¿Qué sientes cuando trazas o esculpes a ese hombre y a esa mujer de tal manera, que inconfundiblemente es; Joan Bennàssar?
Siempre he buscado una diosa. Podía ser mi madre o mi amante, pero es una búsqueda de una verdad, una esencia. Y aunque las verdades cambian, creo en el trabajo y en cierto orden. Vivo en Europa, que para mí es el paraíso del mundo. Pero no sé si sabremos defenderlo. Soñar sigue siendo necesario. También buscar lo que uno cree. Vivimos un momento en que el futuro parece amenazado por la sobrepoblación y el cambio climático. Éramos 2.500 millones de personas al terminar la II Guerra Mundial; ahora somos casi 9.000 millones. Dicen que con 11.000 millones de personas no habrá cabida. Podemos verlo como un colapso... o como un reto, ya que hemos transformado lugares como Dubái. Quizás algún día lo hagamos en la Luna y las estrellas podría ser la salida que un día soñamos. Me he sentido muy cercano últimamente a la figura de los argonautas: esos semidioses que iban en busca del Vellocino de Oro. Hoy somos un poco eso: medio humano, media máquina. Llevamos gafas, marcapasos, implantes. Somos una nueva forma de humanidad.
¿Qué es y que significa Mallorca para ti?
Mallorca, tierra de acogida y pensamiento. El paisaje de Mallorca es brutal. De joven lo evitaba porque quería romper con lo establecido. Ahora lo recojo desde el campo, desde una mirada que se conecta con el arte japonés. Es tan sublime que copiarlo es una utopía. Pero aquí está, para vivirlo sin necesidad de irse. Mallorca es el mejor escaparate para el arte en Europa. Vivir en Mallorca es un privilegio. Tengo recursos y sé lo que significa vivir aquí. Si un mallorquín se queja, probablemente sea porque no haya salido de la isla, o porque simplemente le basta con lo que tiene. Porque cuando has vivido en otros lugares, te das cuenta de lo complejo que es todo fuera. Aquí somos pocos —un millón entre varias islas—, y cada vez que alguien nuevo llega, algo ganamos. España, y especialmente Mallorca, funcionan bien. En parte, porque mucha gente viene y valora lo que ofrecemos: nuestra amabilidad, una calidad de vida y un entorno único. Claro que también llegan personas menos positivas, pero eso forma parte del juego global. En realidad, siempre hemos sido un cruce de culturas: fenicios, romanos, árabes, franceses, ingleses...Y pese a todo, hemos sabido convivir con ello sin perder nunca nuestra identidad. Mallorca evoluciona. Su gastronomía, su moda, su historia. Somos más y más diversos. Y en un mundo donde hay tanto por vender, está claro que Mallorca tiene mucho que ofrecer. Así es para mí.
Cuando entras en el estudio, lo describes como “trabajo”, ¿No es acaso tu tiempo, el verdadero valor de tu arte, como las agujas de un reloj marcando las horas de tu vida desde dentro de tu corazón?
Sí, bueno... de algún modo, vivo para ciertas cosas. Decir que vivo para el arte me parece excesivo, pero es verdad que todo en mi vida —familia, casa, amigos— gira en torno al trabajo. No hay que ser cínico: trabajamos también para sobrevivir. Aunque ahora ya no es sólo por eso. Tuve mis hijos de joven y entonces, sí… era por necesidad. Pero ahora trabajo quizás por egoísmo, falta de tiempo. Me gusta ganar dinero, claro, pero también es por orgullo personal, por poner las cosas en su sitio, por hacerme entender. He leído mucho a los clásicos. Uno que me marcó fue “El rey Jesús”, de Robert Graves. Me gustan autores que hablan del presente a través del pasado. Yo soy ateo, pero tengo “mil dioses”: cualquier mujer, cualquier hombre inteligente puede serlo. Hay una frase que me impactó, y que dice: “Amad el trabajo, odiad los cargos y no seáis amigos de los gobernantes”. Tal vez me influyó demasiado; nunca he buscado el beneplácito público. Creo en el ser humano, en su capacidad de adaptarse. Si hace falta, uno se busca la vida. Mi padre trabajaba 67 horas semanales. Hoy se habla de 37. Algo falla. En Europa se trabajan 1.600 horas al año, en América 1.900. El futuro nace del esfuerzo. Soy pintor porque soy hábil. Hoy, en las facultades de Bellas Artes, se pierde esa habilidad. Se prioriza lo conceptual y los alumnos absorben las carencias de sus profesores. Un profesor puede entender, pero no necesariamente sabe hacer. Es como el fútbol: no sería lo mismo si lo jugaran sólo los entrenadores. El futbolista tiene habilidad, carácter, velocidad... En el arte, esa destreza se ha perdido. Hoy se ha puesto de moda el “comisario de arte”, como si el artista no pudiera defender su obra. Eso es absurdo. Cuando el galerista fue más importante que el artista, el arte perdió su magia. Y sin magia, el valor es solo precio. Y el arte no puede depender sólo del dinero, porque entonces pierde su alma.
Joan, cuéntame, ¿Tienes un poema favorito?
Bueno, en mi caso es “Ítaca de Cavafis”, un poema sobre el viaje de la vida. Habla de desear que el viaje sea largo, porque en el camino está el aprendizaje. Para mí, este poema representa la vida, el Mediterráneo, la Odisea. La vida no es solo nacer, vivir y morir: es crear, entender, avanzar y buscar recursos. A veces no consigues todo lo que deseas pero aprendes, y eso es lo que da sentido al viaje. El futuro está en el cambio, en seguir intentándolo y por supuesto en el amor.
¿Te ha pasado sentir alguna vez, que al finalizar una obra tiempo después al verla, dudaste y la rectificaste?
Sí, me pasa mucho. Soy un rectificador de piezas. A veces los cuadros vuelven del circuito de exposiciones y los veo con otros ojos, les encuentro defectos. No tengo problemas en cambiarlos, incluso después de años. Eso me alegra, porque significa que sigo aprendiendo. Aunque a veces me equivoque, forma parte del proceso.
¿Cuándo te dedicas a ti mismo?,…¿Hay momentos de pausa?.
Por supuesto en Navidad, cuando paro unos diez días y viajo con mi mujer a Barcelona, a visitar a toda su familia. Al regresar, me reengancho poco a poco, muchas veces retomando cuadros antiguos. Me acuesto con los problemas del estudio y me despierto con ideas para solucionarlos. Así marco mi ritmo de trabajo hasta la primavera, una época esplendorosa donde todo parece renacer: la sangre, las flores, el aire...y también uno mismo.
Sé que te gusta cocinar, ¿Dinos un plato mallorquín que disfrutes cocinar en compañía de tu gente?. “Porçella amb anfós”
Me gustan los platos pobres y bien hechos como; es “frit”, el escabeche...la mayoría de los platos tradicionales están elaborados con sobras, es decir con lo que había en la despensa de temporada. Pero si tengo que elegir uno; es la lechona con mero. Lo preparo 24 horas antes, aliño la lechona con; sal, pimienta y ajo, y con mucho mimo la embadurno con el aliño y la pongo boca arriba. Al día siguiente la giro y le pongo el mero debajo, al que previamente salpimiento y le hago unos cortes en los lomos, rellenándolos con rodajas de limón. El mero se cocina con la grasa de la “Porçella” (cochinillo) y es una delicia. Cocinado por supuesto en un horno de leña. Antiguamente se servían las dos piezas juntas en un mismo plato, aunque lo hemos actualizado y el mero lo acompañamos con una buena ensalada y la “Porçella” la servimos con una base de “Tumbet”*; un auténtico plato mallorquín. Me emociona tanto cocinar como pintar, es también un acto creativo. *Tumbet: plato típico mallorquín hecho a base de verduras salteadas y lomo de cerdo a la plancha.
Joan, ¿Si pudieras tener un momento especial con un artista pintor vivo o muerto, con quién sería?
Sin dudarlo sería con Picasso, con la persona con la que todavía podría aprender.
WWW.BENNASSAR.COM| @BENNASSAR.PRODUCTIONS
Joan, cuéntame, ¿Tienes un poema favorito?
Bueno, en mi caso es “Ítaca de Cavafis”, un poema sobre el viaje de la vida. Habla de desear que el viaje sea largo, porque en el camino está el aprendizaje. Para mí, este poema representa la vida, el Mediterráneo, la Odisea. La vida no es solo nacer, vivir y morir: es crear, entender, avanzar y buscar recursos. A veces no consigues todo lo que deseas pero aprendes, y eso es lo que da sentido al viaje. El futuro está en el cambio, en seguir intentándolo y por supuesto en el amor.
¿Te ha pasado sentir alguna vez, que al finalizar una obra tiempo después al verla, dudaste y la rectificaste?
Sí, me pasa mucho. Soy un rectificador de piezas. A veces los cuadros vuelven del circuito de exposiciones y los veo con otros ojos, les encuentro defectos. No tengo problemas en cambiarlos, incluso después de años. Eso me alegra, porque significa que sigo aprendiendo. Aunque a veces me equivoque, forma parte del proceso.
¿Cuándo te dedicas a ti mismo?,…¿Hay momentos de pausa?.
Por supuesto en Navidad, cuando paro unos diez días y viajo con mi mujer a Barcelona, a visitar a toda su familia. Al regresar, me reengancho poco a poco, muchas veces retomando cuadros antiguos. Me acuesto con los problemas del estudio y me despierto con ideas para solucionarlos. Así marco mi ritmo de trabajo hasta la primavera, una época esplendorosa donde todo parece renacer: la sangre, las flores, el aire...y también uno mismo.
Sé que te gusta cocinar, ¿Dinos un plato mallorquín que disfrutes cocinar en compañía de tu gente?. “Porçella amb anfós”
Me gustan los platos pobres y bien hechos como; es “frit”, el escabeche...la mayoría de los platos tradicionales están elaborados con sobras, es decir con lo que había en la despensa de temporada. Pero si tengo que elegir uno; es la lechona con mero. Lo preparo 24 horas antes, aliño la lechona con; sal, pimienta y ajo, y con mucho mimo la embadurno con el aliño y la pongo boca arriba. Al día siguiente la giro y le pongo el mero debajo, al que previamente salpimiento y le hago unos cortes en los lomos, rellenándolos con rodajas de limón. El mero se cocina con la grasa de la “Porçella” (cochinillo) y es una delicia. Cocinado por supuesto en un horno de leña. Antiguamente se servían las dos piezas juntas en un mismo plato, aunque lo hemos actualizado y el mero lo acompañamos con una buena ensalada y la “Porçella” la servimos con una base de “Tumbet”*; un auténtico plato mallorquín. Me emociona tanto cocinar como pintar, es también un acto creativo. *Tumbet: plato típico mallorquín hecho a base de verduras salteadas y lomo de cerdo a la plancha.
Joan, ¿Si pudieras tener un momento especial con un artista pintor vivo o muerto, con quién sería?
Sin dudarlo sería con Picasso, con la persona con la que todavía podría aprender.
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