AT THE HEART OF ISLAND LIFE
Mallorca a Pinceladas
La artista Lucy Hawkins habla sobre la inspiración, el caos y la alegría detrás de su vibrante nueva colección inspirada en la fauna mallorquina.
Además de colaborar con In Mallorca Magazine, Lucy Hawkins es una artista cuyas pinturas de retratos y animales se han expuesto internacionalmente. Tras mudarse de Australia a Mallorca hace dos años, encontró en la rica fauna mediterránea una nueva fuente de inspiración. La redactora jefe Hannah Shannon-Burke conversa con Lucy sobre el proceso creativo detrás de su última colección y sobre cómo compagina su trabajo artístico con la vida familiar.

Por Hannah Shannon-Burke
7/5/26
¿Qué inspiró esta nueva colección? ¿Por qué este tema y por qué ahora?
Tardé unos 18 meses en volver a coger los pinceles después de mudarnos aquí, principalmente porque ni siquiera encontraba las cajas con las pinturas. Además, toda la logística de instalar a la familia hizo que durante un tiempo me costara encontrar espacio para la creatividad. Pero prácticamente desde que llegamos supe que quería pintar la fauna de la isla. La vida marina de Mallorca, sus pequeños mamíferos traviesos y sus aves migratorias… todo aquí es increíblemente rico. Somos muy afortunados.
¿Qué sentías cuando empezaste a crear estas piezas?
Nervios, sinceramente. Recuerdo que alguien dijo una vez que no hay pintura sin dolor —en inglés incluso hay un juego de palabras con painting— y creo que es verdad. Cuando dejo de pintar durante un tiempo, siempre me pregunto si sabré volver a hacerlo. Además, la acogida de mi colección australiana fue tan maravillosa y me abrió tantas puertas que sentía mucha presión por estar a la altura.
Pero un día compré montones de lienzos, vacié todos los tubos de pintura sobre la mesa y simplemente me lancé.
De hecho, empecé varias piezas a la vez, algo completamente nuevo para mí. Era como hacer malabares manteniendo varios platos girando al mismo tiempo. Pero también lo hacía muy divertido. Esbozaba y daba las primeras pinceladas en varias obras y luego volvía sobre ellas, añadiendo capas y más capas hasta que adquirían una textura densa y cremosa, casi como helado.
Muy pronto me vi rodeada de toda una colección de criaturas. Los niños llegaban corriendo del colegio para ver a quién le habían cambiado de color las alas o los tentáculos aquel día.
¿Cómo es un día típico mientras trabajas en una pieza?
Una auténtica locura, porque sé que solo tengo hasta las 14:45 antes de tener que recoger a los niños del colegio. Tengo que esforzarme muchísimo para no entrar en pánico.
Antes de ser madre podía pintar hasta altas horas de la madrugada si quería. Ahora, si estoy despierta de noche, normalmente es porque alguien tiene dolor de oído.
Así que el día empieza llevándolos al colegio, haciendo algo de ejercicio rápido y después mezclando pinturas. Ese momento me encanta: extender, pulverizar, aplicar con rodillo y, a veces, retirarlo todo deprisa. Incluso llegué a meter un lienzo en la bañera después de que los niños se fueran al colegio porque pensé que podría crear un efecto de remolino interesante. No funcionó, por cierto, pero a los niños les pareció divertidísimo.
El tiempo siempre vuela cuando estoy pintando y luego empieza la carrera frenética para limpiar antes de preparar la cena o ayudar con los deberes.
¿Qué parte del proceso te resulta más desafiante?
La paleta de colores es fundamental. Quiero que las obras destaquen y tengan personalidad, pero también que puedan convivir con el espacio de quien las compra y encajar en una casa real.
Me fascinan las expresiones muy vivas, así que suelo trabajar en formatos más grandes de los que elegiría normalmente para poder captar bien los detalles: el brillo de un ojo, un mechón en la barbilla, pequeños gestos que transmiten carácter.
También quiero reflejar la textura de las plumas o del pelaje sin perder una estética contemporánea. Para crear esas texturas utilizo cualquier cosa que tenga a mano: las manos de los niños, el cepillo de dientes de mi marido… nada está a salvo.
¿Cómo sabes cuándo una pieza está terminada?
En realidad, sé mejor cuándo no lo está. Da bastante miedo porque, cuando algo me gusta mucho, me tienta dejarlo ahí por miedo a estropearlo. Pero al final siempre sabes cuándo una obra todavía necesita más pintura.
¿Qué pieza es la más personal para ti y por qué?
El gallo, porque es el símbolo y la mascota más querida de nuestro pueblo: el Gall de Pollença. Sentía que tenía que hacerle justicia.
Pensé que una paleta inspirada en los colores del amanecer era perfecta para él. Nunca utilizo los colores reales de los animales, así que este tiene rojos, naranjas, rosas, morados, azules y verdes. Creo que ha quedado guapísimo.
Después imprimí el diseño en tarjetas y tela, e hice paños de cocina que ahora se venden en varias tiendas del pueblo. Ver mi trabajo en un escaparate y descubrir que se ha agotado me hace inmensamente feliz.
¿Alguna de estas obras nació de un recuerdo o experiencia concreta?
Mi marido, los niños y yo estábamos en la Playa de Formentor en invierno con nuestras redes para coger cangrejos —siempre devolvemos al agua todo lo que atrapamos y, de repente, sacamos un pulpo. Estaba tan sorprendido como nosotros.
Lo dejamos sobre el embarcadero y empezó a arrastrarse lentamente hasta el borde antes de dejarse caer al agua. Fueron apenas diez segundos mágicos, pero allí estaba, moviéndose a nuestro lado. En cuanto volvió al mar desapareció gracias a su camuflaje y nos costó muchísimo volver a distinguirlo.
Son criaturas extraordinarias; me tienen completamente fascinada.
Por eso decidí pintarlo sobre el fondo más oscuro que he utilizado nunca y trabajar algunas zonas con capas translúcidas para darle un aire casi extraterrestre.
La artista Lucy Hawkins habla sobre la inspiración, el caos y la alegría detrás de su vibrante nueva colección inspirada en la fauna mallorquina.
Además de colaborar con In Mallorca Magazine, Lucy Hawkins es una artista cuyas pinturas de retratos y animales se han expuesto internacionalmente. Tras mudarse de Australia a Mallorca hace dos años, encontró en la rica fauna mediterránea una nueva fuente de inspiración. La redactora jefe Hannah Shannon-Burke conversa con Lucy sobre el proceso creativo detrás de su última colección y sobre cómo compagina su trabajo artístico con la vida familiar.
¿Qué parte del proceso te resulta más desafiante?
La paleta de colores es fundamental. Quiero que las obras destaquen y tengan personalidad, pero también que puedan convivir con el espacio de quien las compra y encajar en una casa real.
Me fascinan las expresiones muy vivas, así que suelo trabajar en formatos más grandes de los que elegiría normalmente para poder captar bien los detalles: el brillo de un ojo, un mechón en la barbilla, pequeños gestos que transmiten carácter.
También quiero reflejar la textura de las plumas o del pelaje sin perder una estética contemporánea. Para crear esas texturas utilizo cualquier cosa que tenga a mano: las manos de los niños, el cepillo de dientes de mi marido… nada está a salvo.
¿Cómo sabes cuándo una pieza está terminada?
En realidad, sé mejor cuándo no lo está. Da bastante miedo porque, cuando algo me gusta mucho, me tienta dejarlo ahí por miedo a estropearlo. Pero al final siempre sabes cuándo una obra todavía necesita más pintura.
¿Qué pieza es la más personal para ti y por qué?
El gallo, porque es el símbolo y la mascota más querida de nuestro pueblo: el Gall de Pollença. Sentía que tenía que hacerle justicia.
Pensé que una paleta inspirada en los colores del amanecer era perfecta para él. Nunca utilizo los colores reales de los animales, así que este tiene rojos, naranjas, rosas, morados, azules y verdes. Creo que ha quedado guapísimo.
Después imprimí el diseño en tarjetas y tela, e hice paños de cocina que ahora se venden en varias tiendas del pueblo. Ver mi trabajo en un escaparate y descubrir que se ha agotado me hace inmensamente feliz.
¿Alguna de estas obras nació de un recuerdo o experiencia concreta?
Mi marido, los niños y yo estábamos en la Playa de Formentor en invierno con nuestras redes para coger cangrejos —siempre devolvemos al agua todo lo que atrapamos y, de repente, sacamos un pulpo. Estaba tan sorprendido como nosotros.
Lo dejamos sobre el embarcadero y empezó a arrastrarse lentamente hasta el borde antes de dejarse caer al agua. Fueron apenas diez segundos mágicos, pero allí estaba, moviéndose a nuestro lado. En cuanto volvió al mar desapareció gracias a su camuflaje y nos costó muchísimo volver a distinguirlo.
Son criaturas extraordinarias; me tienen completamente fascinada.
Por eso decidí pintarlo sobre el fondo más oscuro que he utilizado nunca y trabajar algunas zonas con capas translúcidas para darle un aire casi extraterrestre.
Las fotografías de la colección son preciosas. ¿Dónde se hicieron?
En Cala Deià, por supuesto. Tenían que hacerse allí.
Llevo veinte años visitando Deià para entrevistar a artistas y escritores. Ese lugar tiene una magia especial.
¿Qué viene ahora?
Volver a escribir, que ensucia bastante menos. Pero me he reenamorado completamente de la pintura.
Cuando paso todo el día pintando, acabo viendo el mundo entero a través de pinceladas, como si todo fuera un cuadro de Van Gogh. Es una sensación bastante surrealista.
Cuando termine el verano me hace muchísima ilusión empezar una colección inspirada en el bosque. Tengo un ciervo precioso que necesita compañía. Estoy pensando en añadir un búho y un zorro. Estoy deseando pintar esa cola enorme y peluda.
¿Qué esperas que sienta la gente al ver tu obra?
Espero que mis cuadros transporten inmediatamente al Mediterráneo y evoquen unas vacaciones o un recuerdo feliz.
El gato, por ejemplo, siempre me recuerda a las islas griegas y a mi tía, que insistía en alimentar a todos los gatos que encontraba. Aunque, por supuesto, aquí también están por todas partes, descansando a la sombra en cualquier calle.
Y los burros siempre me harán pensar en mi abuela, que vino desde Australia soñando con abrir un santuario para ellos.
Además, es imposible acercarse a la Tramuntana sin cruzarse con alguna cabra descarada. Cuando nos mudamos aquí vimos una cruzar la carretera usando un paso de peatones, y hasta lo grabamos en vídeo. Lo subí a Instagram y nuestros amigos en Australia no podían creerlo.
La colección de láminas y lienzos de Lucy está disponible a través de su web: lucyhawkinsart.com
También puedes seguir sus aventuras en Instagram: lucyhawkinsart
Las fotografías de la colección son preciosas. ¿Dónde se hicieron?
En Cala Deià, por supuesto. Tenían que hacerse allí.
Llevo veinte años visitando Deià para entrevistar a artistas y escritores. Ese lugar tiene una magia especial.
¿Qué viene ahora?
Volver a escribir, que ensucia bastante menos. Pero me he reenamorado completamente de la pintura.
Cuando paso todo el día pintando, acabo viendo el mundo entero a través de pinceladas, como si todo fuera un cuadro de Van Gogh. Es una sensación bastante surrealista.
Cuando termine el verano me hace muchísima ilusión empezar una colección inspirada en el bosque. Tengo un ciervo precioso que necesita compañía. Estoy pensando en añadir un búho y un zorro. Estoy deseando pintar esa cola enorme y peluda.
¿Qué esperas que sienta la gente al ver tu obra?
Espero que mis cuadros transporten inmediatamente al Mediterráneo y evoquen unas vacaciones o un recuerdo feliz.
El gato, por ejemplo, siempre me recuerda a las islas griegas y a mi tía, que insistía en alimentar a todos los gatos que encontraba. Aunque, por supuesto, aquí también están por todas partes, descansando a la sombra en cualquier calle.
Y los burros siempre me harán pensar en mi abuela, que vino desde Australia soñando con abrir un santuario para ellos.
Además, es imposible acercarse a la Tramuntana sin cruzarse con alguna cabra descarada. Cuando nos mudamos aquí vimos una cruzar la carretera usando un paso de peatones, y hasta lo grabamos en vídeo. Lo subí a Instagram y nuestros amigos en Australia no podían creerlo.
La colección de láminas y lienzos de Lucy está disponible a través de su web: lucyhawkinsart.com
También puedes seguir sus aventuras en Instagram: lucyhawkinsart






