AT THE HEART OF ISLAND LIFE
Más allá de la isla
Nieve, flamenco y churros en Granada
Lo sabemos : esto no es Mallorca. Pero cuando una de nuestras colaboradoras favoritas cambió la tramuntana por Granada para celebrar su cumpleaños, simplemente teníamos que saber más. Lucy Hawkins nos cuenta sus intensos días entre palacios moriscos, cuevas flamencas y pistas de esquí inesperadas: una escapada a solo una hora de distancia, pero en un mundo completamente distinto.
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Por Lucy Hawkins
1/3/26
Estamos a mediados de febrero y es mi cumpleaños. Las alergias están disparadas, las orugas procesionarias campan a sus anchas y el viento no ha dejado de aullar en días. Así que mi marido, nuestras dos hijas pequeñas y yo decidimos regalarnos una escapada: unos días en Granada.
Siempre había soñado con alojarme en un pequeño hotel boutique en el casco antiguo, pero encontrar una habitación para cuatro no fue tarea fácil. Finalmente nos quedamos en el Gran Hotel Luna Granada, a unos 20 minutos a pie del centro. No tenía el encanto romántico que había imaginado para mi primera vez en esta ciudad —famosa por albergar el último gran palacio de la España musulmana—, pero resultó ser una base perfecta viajando con niños: amplio, cómodo y con todas las facilidades.
Nada más instalarnos, subimos hasta el barrio de San Nicolás, en el antiguo Albaicín, encaramado sobre una colina con vistas al valle y a la majestuosa Alhambra. Las calles estrechas y sinuosas parecen guardar el eco de más de mil años de historia bajo sus adoquines.
Los miradores estaban llenos de gente contemplando la puesta de sol mientras sonaban guitarras españolas. Conseguimos mesa en El Balcón de San Nicolás casi por milagro. Con esas vistas espectaculares a la Alhambra, esperaba una comida mediocre o precios desorbitados… pero fue todo lo contrario. Cenamos un buen bistec, bebimos vino tinto y vimos cómo el palacio se teñía de dorado al caer la tarde. Un momento realmente especial.
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Al día siguiente tocaba aventura. Fuimos a la estación de autobuses para subir a Sierra Nevada, pero tras semanas de mal tiempo nos informaron de que la carretera estaba cerrada al tráfico general. Teníamos una clase de esquí reservada para las niñas, así que decidimos arriesgarnos y subir en Uber, cruzando los dedos.
El ascenso fue tenso: una larga fila de coches avanzando hacia el control policial, mientras veíamos cómo muchos eran rechazados. Pero, contra todo pronóstico, nos dejaron pasar gracias a nuestra reserva. Y allí estaba: Monachil, completamente cubierta de nieve. Coches enterrados en los arcenes y, aun así, un ambiente festivo bajo un cielo azul radiante.
Entre esquís, telecabinas y prisas, todo fue un pequeño caos organizado, pero el equipo de la Escuela Internacional de Esquí fue encantador. Mientras mi marido acompañaba a las niñas a su clase, yo me lancé a buscar dónde comer.
Había reservado en el Sun Deck de El Lodge Sierra Nevada, un lugar icónico para el après-ski con acceso directo a pistas. Llegar, sin embargo, fue otra historia: senderos invisibles bajo la nieve, subidas imposibles… Mientras los demás llegaban con estilo, yo entré jadeando y completamente empapada.
Pero mereció la pena. Comimos tacos y ceviche, brindamos con cócteles al sol y vimos pasar a los esquiadores. Las niñas salieron felices, orgullosas de sus progresos. Nosotros, también: por no habernos rendido.
Consejo: si podéis, quedaos a dormir en la montaña y evitad el estrés de la subida.
El tercer día estaba reservado para uno de los grandes momentos: la Alhambra. Conseguir entradas había sido misión imposible, pero dimos con la Granada Card, que resultó ser un auténtico salvavidas. Incluye acceso a la Alhambra —con Palacios Nazaríes, Alcazaba y Generalife— además de transporte y varios espacios culturales de la ciudad.
Llegamos a primera hora, con el frío aún en el aire. Al amanecer, los jardines estaban casi vacíos. Fue mágico. Exploramos rincones como si fuéramos personajes de otro tiempo, jugando entre fuentes, cipreses y patios perfectamente cuidados.
Más tarde, ya con la ciudad en pleno movimiento, bajamos al centro en busca de café y churros. Nos perdimos por la Alcaicería, antiguo zoco de la seda, hoy un laberinto de tiendas donde compramos especias, jabones y frutos secos. En la calle Navas, cada bebida venía acompañada de una tapa: un placer sencillo y delicioso.
Esa noche fuimos al Sacromonte, barrio histórico de cuevas excavadas en la montaña, ligado desde hace siglos a la cultura gitana y al flamenco. Yo quería que mis hijas vivieran esa experiencia… y no decepcionó.
Entramos en una cueva pequeña y acogedora. La cercanía lo transformaba todo: el taconeo, las palmas, el cante. Era pura intensidad. Cuando terminó, la sala entera estalló en aplausos. Desde entonces, en casa no paramos de zapatear y gritar “¡olé!”.
Nuestro último día empezó con un pequeño lujo personal. Mientras mi marido se quedaba con las niñas, yo me escapé a Hammam Al Ándalus, a los pies de la Alhambra.
Durante hora y media me dejé llevar por un circuito de baños calientes, templados y fríos, rodeada de luz tenue y azulejos preciosos. Té de menta, silencio, vapor… Después, un ritual con guante kessa y un masaje con aceites aromáticos.
Fue una experiencia profundamente relajante, sin artificios ni pretensiones. Solo agua, calma y tiempo.
Salí renovada, con el sol brillando intensamente sobre Granada, y regresé entre sus calles estrechas para reunirme con mi familia antes de volver a casa.
Habían sido unos días intensos: nieve, cultura, flamenco, naranjas y atardeceres. Todo, a apenas una hora de distancia.
INFORMACIÓN PRÁCTICA
Alojamiento
Gran Hotel Luna Granada — desde 110 € por noche entre semana en temporada baja (habitación familiar).
Esquí
Clase privada de 3 horas en la Escuela Internacional de Esquí — 150 € por grupo.
Après-ski
El Sun Deck de El Lodge Sierra Nevada — abierto de 12:00 a 17:00. Recomendable reservar.
Entradas Alhambra
Granada Card — 50 € adultos / 12,59 € niños (3–11 años). Incluye transporte y acceso a museos y monumentos.
Hammam
Hammam Al Ándalus — circuito + tratamientos desde 113 €.
Por Lucy Hawkins
1/3/26
Al día siguiente tocaba aventura. Fuimos a la estación de autobuses para subir a Sierra Nevada, pero tras semanas de mal tiempo nos informaron de que la carretera estaba cerrada al tráfico general. Teníamos una clase de esquí reservada para las niñas, así que decidimos arriesgarnos y subir en Uber, cruzando los dedos.
El ascenso fue tenso: una larga fila de coches avanzando hacia el control policial, mientras veíamos cómo muchos eran rechazados. Pero, contra todo pronóstico, nos dejaron pasar gracias a nuestra reserva. Y allí estaba: Monachil, completamente cubierta de nieve. Coches enterrados en los arcenes y, aun así, un ambiente festivo bajo un cielo azul radiante.
Entre esquís, telecabinas y prisas, todo fue un pequeño caos organizado, pero el equipo de la Escuela Internacional de Esquí fue encantador. Mientras mi marido acompañaba a las niñas a su clase, yo me lancé a buscar dónde comer.
Había reservado en el Sun Deck de El Lodge Sierra Nevada, un lugar icónico para el après-ski con acceso directo a pistas. Llegar, sin embargo, fue otra historia: senderos invisibles bajo la nieve, subidas imposibles… Mientras los demás llegaban con estilo, yo entré jadeando y completamente empapada.
Pero mereció la pena. Comimos tacos y ceviche, brindamos con cócteles al sol y vimos pasar a los esquiadores. Las niñas salieron felices, orgullosas de sus progresos. Nosotros, también: por no habernos rendido.
Consejo: si podéis, quedaos a dormir en la montaña y evitad el estrés de la subida.
El tercer día estaba reservado para uno de los grandes momentos: la Alhambra. Conseguir entradas había sido misión imposible, pero dimos con la Granada Card, que resultó ser un auténtico salvavidas. Incluye acceso a la Alhambra —con Palacios Nazaríes, Alcazaba y Generalife— además de transporte y varios espacios culturales de la ciudad.
Llegamos a primera hora, con el frío aún en el aire. Al amanecer, los jardines estaban casi vacíos. Fue mágico. Exploramos rincones como si fuéramos personajes de otro tiempo, jugando entre fuentes, cipreses y patios perfectamente cuidados.
Más tarde, ya con la ciudad en pleno movimiento, bajamos al centro en busca de café y churros. Nos perdimos por la Alcaicería, antiguo zoco de la seda, hoy un laberinto de tiendas donde compramos especias, jabones y frutos secos. En la calle Navas, cada bebida venía acompañada de una tapa: un placer sencillo y delicioso.
Esa noche fuimos al Sacromonte, barrio histórico de cuevas excavadas en la montaña, ligado desde hace siglos a la cultura gitana y al flamenco. Yo quería que mis hijas vivieran esa experiencia… y no decepcionó.
Entramos en una cueva pequeña y acogedora. La cercanía lo transformaba todo: el taconeo, las palmas, el cante. Era pura intensidad. Cuando terminó, la sala entera estalló en aplausos. Desde entonces, en casa no paramos de zapatear y gritar “¡olé!”.
Nuestro último día empezó con un pequeño lujo personal. Mientras mi marido se quedaba con las niñas, yo me escapé a Hammam Al Ándalus, a los pies de la Alhambra.
Durante hora y media me dejé llevar por un circuito de baños calientes, templados y fríos, rodeada de luz tenue y azulejos preciosos. Té de menta, silencio, vapor… Después, un ritual con guante kessa y un masaje con aceites aromáticos.
Fue una experiencia profundamente relajante, sin artificios ni pretensiones. Solo agua, calma y tiempo.
Salí renovada, con el sol brillando intensamente sobre Granada, y regresé entre sus calles estrechas para reunirme con mi familia antes de volver a casa.
Habían sido unos días intensos: nieve, cultura, flamenco, naranjas y atardeceres. Todo, a apenas una hora de distancia.
INFORMACIÓN PRÁCTICA
Alojamiento
Gran Hotel Luna Granada — desde 110 € por noche entre semana en temporada baja (habitación familiar).
Esquí
Clase privada de 3 horas en la Escuela Internacional de Esquí — 150 € por grupo.
Après-ski
El Sun Deck de El Lodge Sierra Nevada — abierto de 12:00 a 17:00. Recomendable reservar.
Entradas Alhambra
Granada Card — 50 € adultos / 12,59 € niños (3–11 años). Incluye transporte y acceso a museos y monumentos.
Hammam
Hammam Al Ándalus — circuito + tratamientos desde 113 €.






